¡Hola de nuevo! Como siempre, escribo de noche, el mejor momento para dejar que las palabras salgan a la superficie.

Esta semana la hija de una de mis mejores amigas me ha descrito como un hada. Y, aunque suene cursi, es el mejor halago que me podía hacer. Como escritora, me gusta crear ambientes mágicos; llenos de sentimientos, emociones y aventuras que transporten al lector a un mundo diferente donde experimentar nuevas sensaciones. Y cuando una niña de seis años, inteligente e intuitiva como pocas, te concede el honor de decir que eres como un hada para ella, piensas: “Ojalá no se equivoque, porque eso es justo lo que quiero ser: un hada capaz de tocar el corazón de aquellos que leen mis palabras”.

No pretendo ser nada excepto una creadora de sueños. Sueños que unas veces se apoyan en sentimientos y anhelos muy reales, y otras se dejan teñir por mundos fantásticos que, aunque irreales, son mágicos y consiguen que el lector olvide la rutina del día a día.

Si con mis historias consigo que la gente disfrute, se emocione, vibre y, sobre todo, sea capaz de soñar, me alegro de ser un hada que con su imaginativa varita consigue llegar a esos corazones que quieren sentir.

Gracias, Gabriela… ¡Con niñas como tú este mundo llegará algún día a ser un lugar mejor!

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