Cuando vivía en Estados Unidos y me preguntaban “¿qué es lo que más echas de menos de Madrid?” yo tenía muy clara la respuesta: sus atardeceres. Unas veces de fuego, otras de blancos y fucsias, pero siempre preciosos y mágicos.

Ahora lo que más extraño es tu vida, tus sonidos y tu gente. Vivo a las afueras y hace dos meses que veo tus torres desde la distancia. Tan cerca. Tan lejos. Mi parque del Retiro, mi plaza de Santa Ana y los teatros de la Gran Vía.

La ciudad que me crió, la ciudad a la que siempre quiero volver aunque a veces huya de ti como alma que lleva el diablo.

Porque aquí está la gente que más quiero, la que me acepta tal y como soy.

Porque me vestí de chulapa mil veces y una de ellas acabé en una fiesta en Dios sabe dónde con ellas, que estaban tan locas y tan perdidas como yo.

Porque el año que viene bailo el chotis y me zampo unas rosquillas sí o sí.

Porque ya has sido el escenario de dos de mis novelas y, tras terminar un manuscrito en el que te he sido infiel, te has vuelto a colar como un vendaval imparable en la que estoy empezando a escribir ahora.

Porque te he llorado con ríos de lágrimas en la distancia mientras escuchaba a Sabina.

Y sobre todo, porque me da la real gana te digo…

¡TE QUIERO MADRID!

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