{"id":258,"date":"2012-05-21T23:54:38","date_gmt":"2012-05-21T23:54:38","guid":{"rendered":"http:\/\/lenablau.wordpress.com\/?p=258"},"modified":"2018-05-24T13:26:39","modified_gmt":"2018-05-24T13:26:39","slug":"camino-a-lo-desconocido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lenablau.com\/?p=258","title":{"rendered":"Silencioso tranv\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>En el a\u00f1o 2005 yo viv\u00eda y trabajaba en Nueva Orleans, por lo que experiment\u00e9 en primera persona la llegada del hurac\u00e1n Katrina, que devast\u00f3 gran parte de la ciudad y sus alrededores. Esta experiencia despert\u00f3 mi necesidad de volver a escribir, una pasi\u00f3n que hab\u00eda estado dormida durante mucho tiempo.<\/p>\n<p>Tres peri\u00f3dicos espa\u00f1oles (El Hoy de Badajoz, El Diario Monta\u00f1\u00e9s y La Voz de C\u00e1diz) se interesaron por mi testimonio y publicaron mi art\u00edculo en sus p\u00e1ginas de opini\u00f3n.<\/p>\n<p>Varios a\u00f1os despu\u00e9s mi amor por esta incre\u00edble ciudad sirvi\u00f3 de inspiraci\u00f3n para crear la bilog\u00eda de los Aevum. Aqu\u00ed os dejo este relato por si os apetece leerlo:<\/p>\n<p><img data-attachment-id=\"1588\" data-permalink=\"https:\/\/lenablau.com\/?attachment_id=1588\" data-orig-file=\"https:\/\/i2.wp.com\/lenablau.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/Captura-de-pantalla-2018-05-24-a-las-11.32.01.png?fit=1282%2C934&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"1282,934\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i2.wp.com\/lenablau.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/Captura-de-pantalla-2018-05-24-a-las-11.32.01.png?fit=300%2C219&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i2.wp.com\/lenablau.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/Captura-de-pantalla-2018-05-24-a-las-11.32.01.png?fit=790%2C576&amp;ssl=1\" loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-1588\" src=\"https:\/\/i2.wp.com\/lenablau.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/Captura-de-pantalla-2018-05-24-a-las-11.32.01.png?resize=300%2C219\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"219\" srcset=\"https:\/\/i2.wp.com\/lenablau.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/Captura-de-pantalla-2018-05-24-a-las-11.32.01.png?resize=300%2C219&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i2.wp.com\/lenablau.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/Captura-de-pantalla-2018-05-24-a-las-11.32.01.png?resize=768%2C560&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i2.wp.com\/lenablau.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/Captura-de-pantalla-2018-05-24-a-las-11.32.01.png?resize=1024%2C746&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i2.wp.com\/lenablau.com\/wp-content\/uploads\/2018\/05\/Captura-de-pantalla-2018-05-24-a-las-11.32.01.png?w=1282&amp;ssl=1 1282w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" data-recalc-dims=\"1\" \/><\/p>\n<p>SILENCIOSO TRANV\u00cdA<\/p>\n<p>A\u00fan puedo sentir el traqueteo del viejo tranv\u00eda verde que sol\u00eda recorrer la mediana de St. Charles Avenue. Con todas sus ventanas abiertas, el vag\u00f3n revestido de madera se llena de una espesa y h\u00fameda brisa veraniega que a r\u00e1fagas trae el olor de los centenarios robles que extienden sus largas ramas y cubren esta rom\u00e1ntica avenida. La c\u00e1lida luz del sol se filtra entre las ramas de estos suntuosos \u00e1rboles, dibujando m\u00e1gicas sombras en el asfalto. Una descolorida y vieja bicicleta avanza lenta en contra direcci\u00f3n, causando el asombro de los turistas que van sentados en el banco trasero. Yo me rio para mis adentros; \u00a8Bienvenidos a Nueva Orleans\u00a8.<\/p>\n<p>Desde mi refugio en Memphis, Tennessee, no ceso de imaginar estos tranv\u00edas inm\u00f3viles en las cocheras. Probablemente, esta sea la primera vez desde que empezaron a funcionar a principios del siglo XX en la que aguardan silenciosos sin saber cu\u00e1ndo ser\u00e1n de utilidad a tan bella y misteriosa ciudad. Me duele pensar en esas calles que hace dos semanas dej\u00e9 atr\u00e1s a\u00fan llenas de vida y m\u00fasica, porque ahora se encuentran vac\u00edas y mudas.<\/p>\n<p>Es muy dif\u00edcil describir el vac\u00edo que se siente al estar doblemente desplazado de lo que uno ama. Extra\u00f1o terriblemente mi pa\u00eds, Espa\u00f1a, y ahora tras esta tragedia, tambi\u00e9n me veo involuntariamente alejada del \u00fanico lugar en Estados Unidos en el que su gente, mi gente, sab\u00eda disfrutar de la vida.<\/p>\n<p>Hace tres a\u00f1os dej\u00e9 Espa\u00f1a para aventurarme en una nueva vida. Buscando nuevas metas acad\u00e9micas y personales, me mud\u00e9 a San Francisco, California, donde estudi\u00e9 un m\u00e1ster en Arquitectura. A pesar de ser una ciudad fascinante en la cual hice amigos que proven\u00edan de todos los rincones del mundo, jam\u00e1s sent\u00ed que perteneciera a aquella ciudad de empinadas calles y constante niebla. Me hallaba en un permanente estado nost\u00e1lgico; las contradicciones norteamericanas no me convenc\u00edan en absoluto.<\/p>\n<p>All\u00ed conoc\u00ed a Shane, un buen amigo. Nacido y criado en \u00a8The Big Easy\u00a8 (apodo con el que los americanos bautizaron a Nueva Orleans), en los \u00faltimos diez a\u00f1os hab\u00eda vivido en diferentes ciudades, tanto europeas como americanas. Sin embargo, nunca cesaba de recordarme lo mucho que amaba su ciudad natal. Compart\u00edamos constantemente recuerdos de nuestros lugares de procedencia. Yo no dejaba de hablar de Espa\u00f1a; de su gente, sus tradiciones,\u00a0 la cultura,\u00a0 la juerga\u2026 Cuanto mas convers\u00e1bamos, m\u00e1s descubr\u00edamos las similitudes entre ambos lugares. Nueva Orleans fue primero territorio franc\u00e9s, para luego pasar a manos de los espa\u00f1oles, quienes a pesar de que solo lo ocuparon alrededor de medio siglo, es indiscutible que dejaron una huella definitiva en la ciudad y sus gentes. Por ello la primera vez que visite esa joya del sur de Estados Unidos, me sent\u00ed en casa.<\/p>\n<p>Era finales de Abril del a\u00f1o 2004. El <em>\u00a8Jazzfest\u00a8<\/em> hab\u00eda atra\u00eddo un a\u00f1o m\u00e1s a miles de amantes del Jazz y el Blues procedentes del mundo entero. La ciudad se encontraba m\u00e1s viva y animada que nunca. Una atm\u00f3sfera electrizante llenaba el aire, y el ritmo se filtraba por todas las esquinas del \u00a8French Quarter\u00a8. Las estrechas callejuelas y sus edificios hist\u00f3ricos (muchos de los cuales no tienen nada de franc\u00e9s ya que fueron construidos por los colonos espa\u00f1oles) me dejaron sin habla. Jam\u00e1s habr\u00eda imaginado encontrar esa decadente belleza en una ciudad de los Estados Unidos. La bandera espa\u00f1ola colgaba de los balcones de muchos edificios acompa\u00f1ada de la francesa, americana y la del estado de Luisiana. Recuerdo como si fuera ayer c\u00f3mo al girar la esquina de la calle Tolouse hacia la calle Royal, y ver la alegr\u00eda que desbordaba una de las principales arterias del \u00a8Quarter\u00a8, me gir\u00e9 hacia Shane y le dije: \u00a8En cuanto termine el master me quiero mudar a Nueva Orleans\u00a8.<\/p>\n<p>Y as\u00ed lo hice aproximadamente un a\u00f1o despu\u00e9s. Encontr\u00e9 trabajo en un estudio de arquitectura situado a varias manzanas del Centro de Convenciones. El French Quarter\u00a0estaba a tan s\u00f3lo unos minutos caminando desde la oficina y yo alternaba mis almuerzos entre los diferentes barrios que rodeaban mi lugar de trabajo. Unas veces iba al Quarter y com\u00eda un s\u00e1ndwich sentada sobre la hierba del parque de Jackson Square, frente a la catedral, mientras un m\u00fasico callejero hac\u00eda sonar un saxo y los turistas disfrutaban de caf\u00e9 y beignets en el Caf\u00e9 du Monde. Otras veces paseaba hasta el Centro de Convenciones y sentada en una terraza que domina el r\u00edo Mississippi, observaba el incesante ir y venir de los tur\u00edsticos barcos de vapor y los grandes barcos de carga. Ahora lo que veo por televisi\u00f3n en este lugar son personas\u00a0sin vida, tendidas sobre la acera por la que hace escasos d\u00edas yo caminaba.<\/p>\n<p>El a\u00f1o pasado fue duro ver lo que ocurri\u00f3 en Madrid el 11 de marzo. Recuerdo el dolor de estar tan lejos y ver las im\u00e1genes de Atocha en los canales de la televisi\u00f3n americana.<\/p>\n<p>En esta ocasi\u00f3n observo la televisi\u00f3n desde la habitaci\u00f3n de un motel en Memphis, despojada de mi hogar y mis pertenencias. Es todo tan familiar y ajeno al mismo tiempo&#8230; Veo las im\u00e1genes a\u00e9reas de una ciudad devastada que no reconozco; no es el Nueva Orle\u00e1ns que yo dej\u00e9 hace poco m\u00e1s de dos semanas.<\/p>\n<p>Es ir\u00f3nico que el d\u00eda que evacuamos el sol brillara radiante. Mientras avanz\u00e1bamos por la autopista que cruza el lago Pontchatrain en direcci\u00f3n norte, rodeados de otros conductores y sus familias, mir\u00e9 hacia el sur. El lago azul y tranquilo se extend\u00eda ante mis ojos y en la distancia pod\u00eda ver los altos edificios del <em>\u00a8downtown\u00a8<\/em> y la blanca c\u00fapula del tejado del Superdome resplandec\u00eda bajo el sol. Recuerdo que pens\u00e9 para mis adentros: \u00a8Nos vemos pronto, Big Easy\u00a8.<\/p>\n<p>El motel donde estuvimos hasta hace poco estaba ocupado por gente que hab\u00eda escapado del hurac\u00e1n y necesitar\u00eda escribir un libro entero para narrar la cantidad de historias desesperadas que escuch\u00e9 en los pasillos. Familias separadas, sin noticias de sus seres queridos. Comunidades enteras de las que no se sab\u00eda absolutamente nada, como si ya no existieran en el mapa. Historias inveros\u00edmiles, como la del pescador que hab\u00eda conseguido escapar en una balsa navegando entre casas cubiertas de agua y avanzando en absoluta oscuridad \u00a0de la noche por el canal industrial hasta llegar a lugar seguro. En la vor\u00e1gine de esta locura, algo muy bello ocurri\u00f3 ya que nos convertimos en un grupo muy unido. Amistades aceleradas surg\u00edan en cada esquina de aquel motel de los suburbios de Memphis.<\/p>\n<p>Katrina es la responsable del inminente da\u00f1o a la ciudad tras su paso. No obstante, la negligencia de los l\u00edderes de este pa\u00eds es la causante de que los diques no aguantaran, ya que hacia a\u00f1os que conoc\u00edan el l\u00edmite de \u00e9stos para aguantar un hurac\u00e1n de semejante fuerza. Es indignante ver la lentitud con la cual los servicios de emergencia respondieron, dejando morir a personas desvalidas y permitiendo que ni\u00f1os anduvieran alrededor de cuerpos sin vida que empezaban a descomponerse. Como ejemplo de su deficiente actuaci\u00f3n, se puede destacar el hecho de que ciertas cadenas de supermercados que mandaron agua y v\u00edveres en camiones\u00a0 fueron detenidos por las autoridades federales impidi\u00e9ndoles llegar a su destino. Otro p\u00e9simo ejemplo son los aviones del servicio forestal en espera a que el gobierno les diera el visto bueno para volar, mientras el fuego arrasaba edificios enteros en Nueva Orle\u00e1ns.<\/p>\n<p>Tras lo que hab\u00eda visto y o\u00eddo en los \u00faltimos a\u00f1os, mi fe en los l\u00edderes de este poderoso pa\u00eds era ya pr\u00e1cticamente inexistente. Ahora no tengo la m\u00e1s m\u00ednima esperanza en ellos. No s\u00f3lo no respetan a otras naciones, sino que est\u00e1n dejado morir el lugar m\u00e1s bello de su pa\u00eds y me temo que no va a ser f\u00e1cil resucitarlo. Espero que al reconstruirlo no lo conviertan en un imitaci\u00f3n barata de lo que fue durante mas de trescientos a\u00f1os. Una ciudad como Nueva Orleans se forma a s\u00ed misma; ning\u00fan urbanista, arquitecto o ingeniero puede crear un lugar con semejante personalidad, ya que es la gente y los siglos los que le dan vida.<\/p>\n<p>Afortunadamente, nosotros no hemos perdido a ning\u00fan ser querido. Durante cuarenta y ocho horas no tuvimos contacto con la madre de Shane y su compa\u00f1ero sentimental, los cuales se hab\u00edan quedado en un hotel de la ciudad. Aquellos fueron los dos d\u00edas m\u00e1s largos de mi vida. Sabiendo c\u00f3mo estaban empeorando las condiciones en Nueva Orleans\u00a0a cada hora, era aterrador no tener contacto alguno con ellos. Todo tipo de im\u00e1genes angustiosas acud\u00edan a mi mente y me preguntaba si alguna vez les volver\u00edamos a ver.\u00a0Finalmente, casi a media noche del 31 de agosto, Shane recibi\u00f3 el mejor regalo de cumplea\u00f1os imaginable: su madre llam\u00f3 desde Baton Rouge, la capital de Luisiana.Hab\u00edan conseguido escapar del hotel con su propio coche y, tras dos d\u00edas sorteando todo tipo de obst\u00e1culos, se encontraban a salvo en casa de un conocido. Es f\u00e1cil imaginar el alivio que sentimos al escuchar su voz.<\/p>\n<p>Yo planeo volver a Espa\u00f1a en los pr\u00f3ximos meses, una vez que la familia de mi amigo Shane se haya recuperado de esta tragedia. Podr\u00e9 alejarme f\u00edsicamente del desastre y tratar de rehacer mi vida. Sin embargo, siempre quedar\u00e1 un vac\u00edo en mi coraz\u00f3n ya que dudo que Nueva Orleans vuelva a ser lo que todos am\u00e1bamos. Su gente era lo que la hac\u00eda especial y ahora muchos han muerto o se hayan desperdigados por todo el pa\u00eds. Muchos no podr\u00e1n volver, especialmente aquellos que no tienen los medios para pagarse el viaje de vuelta, los cuales en gran medida eran los que hac\u00edan de Nueva Orleans un lugar diferente, misterioso y exc\u00e9ntrico, lento y placentero. Se quedar\u00e1n en alguna de las muchas ciudades sin alma que desgraciadamente son tan habituales en Estados Unidos. S\u00f3lo espero que puedan aportar algo del esp\u00edritu de Nueva Orleans a esos lugares.<\/p>\n<p>Las noches son dif\u00edciles desde que Katrina sacudi\u00f3 nuestras vidas. Las pesadillas no se cansan de visitarnos por la noche y no s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo tardaremos en sentir que la vida es normal otra vez. Nos encontramos en un apartamento que hemos conseguido alquilar a un precio razonable. Es confortable, pero no es un hogar. No tenemos nuestras fotograf\u00edas, nuestros libros coleccionados durante muchos a\u00f1os, la guitarra turca que Shane trajo de sus aventuras por Europa\u2026 No se trata de bienes materiales, sino de objetos que tienen un enorme valor sentimental, algunos de las cuales hab\u00edamos hecho nosotros mismos. En uno de mis melanc\u00f3licos periodos en los que Espa\u00f1a me dol\u00eda, pint\u00e9 un cuadro en el que un abstracto fondo de colores enmarcaba la silueta de un toro de lidia, convirtiendo el lienzo en una ilusi\u00f3n de un paisaje de Espa\u00f1a. Ahora me arrepiento de no haberlo tra\u00eddo porque desconozco en que estado se encontrar\u00e1.<\/p>\n<p>S\u00e9 que est\u00e1 experiencia me ha marcado para toda la vida. Desastres naturales ocurren en todas partes, mucho m\u00e1s a menudo de lo que nos gustar\u00eda. Sin embargo, es muy diferente\u00a0experimentarlo desde un sill\u00f3n con un mando a distancia en la mano, que pasar todo en un d\u00eda en un refugio de la Cruz Roja Americana en Memphis, esperando que te den algo de dinero para poder comprar comida y ropa. Katrina no es una historia de entretenimiento morboso de la cual me puedo alejar con un clic del mando. Katrina se ha convertido en mi realidad.<\/p>\n<p>Mientras el vag\u00f3n de tranv\u00eda que sol\u00eda pasar junto a nuestra casa, en el barrio de antiguas universidades como Tulane y Loyola, espera silencioso, yo me pregunto si alguna vez volver\u00e9 a sentarme en sus viejos bancos de madera, esperando pacientemente que con su lento traquetear me lleve hasta las calles del \u00a8French Quarter\u00a8, donde Europa, Africa y el Caribe conviven en perfecta armon\u00eda.<\/p>\n<p><em>14 de Septiembre de \u00a02005. (Memphis, TN<\/em>)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el a\u00f1o 2005 yo viv\u00eda y trabajaba en Nueva Orleans, por lo que experiment\u00e9 en primera persona la llegada del hurac\u00e1n Katrina, que devast\u00f3 gran parte de la ciudad y sus alrededores. Esta experiencia despert\u00f3 mi necesidad de volver a escribir, una pasi\u00f3n que hab\u00eda estado dormida durante mucho tiempo. 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